Yo, mio, para mi, es lo que frecuentemente se oye decir.
Todos terminamos avocándonos al exterior erroneamente para reafirmar el interior.
Oigo para escuchar lo que dicen sobre mi.
Veo para apreciar qué me gusta para mi.
Siento lo que me acomoda mejor en el momento. Busco lo que es de mi
gusto.
Huelo lo familiar para enfrentarme a lo que ya conozco. Así estoy cómodo...
Vivimos en el error que nosotros mismos cultivamos. No usamos nuestros sentido para sentirnos uno con los demás, lo usamos para ver que nos separa de ellos y usarlo a nuestro "favor".
Huimos de los demás por miedo a encontrarnos a nosotros mismos reflejados en ellos; fabricamos justificaciones sobre el ser de nuestra persona para estar ajenos a los demás y así poder explicar nuestra cosmovisión ante los otros sin exponer nuestro interior.
Que desgracia y que desperidicio el creer que poner a los otros amorosamente antes que a nosotros mismos nos hace débiles.
Si uno mismo es su punto de partida y su meta a la vez al final ni un paso se habrá dado.
¿Qué crecimiento puedes generar si el único parámetro que tomas en cuenta para todo eres tu mismo?
Si es así como llevas tus pasos, al final del sendero te darás cuenta de que si el sentdo de la vida estuviera basado en el egoísmo, la NADA sería el todo que no podría mas que conducir a la NADA nuevamente.
TODOS SOMOS UNO y al estar abierto a compartir y convivir en tu unidad con todo, el uno se vuelve infinito.